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Ser espiritual no es creer en algo, es tener experiencias espirituales propias, no una teoría de ti mismo.

Iniciar tu búsqueda espiritual es la aventura más grande del mundo, porque no hay caminos, ni mapas, el recorrido será tu experiencia interior y puedes llegar tan alto espiritualmente como Jesús, Buda o Mahoma...

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Qué es la iluminación?

¿Qué es la iluminación? Es darte cuenta de quién eres. No tiene nada que ver con el mundo exterior. No tiene nada que ver con lo que otros han dicho. Lo que otros han dicho es irrelevante. ¡Estás ahí! ¿Para qué ir y consultar la Biblia, y el Corán, y la Gita? Cierra los ojos, y ahí estás tú, en tu infinita gloria. Cierra los ojos y las puertas están abiertas.

Como estás aquí, no necesitas preguntar a nadie. Preguntas..., entonces errarás. El mero hecho de preguntar demuestra que crees estar en algún otro sitio. El mero hecho de preguntar demuestra que pides un mapa. Y para el mundo interior no hay mapa, no es necesario, porque no te diriges a un destino desconocido. En realidad, no te mueves en absoluto. Estás ahí. Tú eres el destino. No eres el que busca, eres la iluminación. ¿Pues qué es la iluminación? Un estado -cuando buscas afuera- es ausencia de iluminación; otro estado -cuando buscas adentro es iluminación.

Por lo tanto la única diferencia está en el enfoque. Si enfocas afuera, no estás iluminado. Si enfocas adentro, estás iluminado. Así que todo consiste en un giro. La palabra cristiana conversión es preciosa, pero la han utilizado de una manera horrible. Conversión no significa hacer un cristiano de un hindú, o un hindú de un cristiano. Conversión significa un giro. Conversión significa volverse hacia la fuente, hacia adentro; entonces eres converso.

Y tu consciencia puede fluir en dos direcciones, hacia afuera y hacia adentro; la corriente de tu consciencia puede fluir en estas dos direcciones. Hacia afuera, puede fluir durante muchas, muchas vidas -nunca llegará a su destino, porque el destino está en la fuente-. El destino no está enfrente, está detrás. El destino no se encuentra en un lugar adonde hayas de llegar, sino en un lugar que ya has abandonado. El origen es el destino.

Esto debe ser comprendido muy profundamente. Si puedes retroceder hasta tu primer punto de partida, llegas al destino. La iluminación es llegar al origen, y el origen está dentro de ti; la vida está allí fluyendo, latiendo, palpitando continuamente en tu interior. ¿Por qué preguntar a otros? Estudiar significa preguntar a otros. ¿Preguntar sobre ti mismo y preguntar a otros? Es una excelente estupidez. Es un absurdo absoluto preguntar sobre ti mismo y preguntar a otros. Esto es lo que significa estudio: buscar la respuesta. iY tú eres la respuesta!

La iluminación es un salto

La iluminación siempre es repentina: No hay un progreso gradual hacia ella, porque toda gradación es de la mente y la iluminación no es de la mente. Todos los grados pertenecen a la mente y la iluminación está  más allá de ella. Así que no puedes acercarte a la iluminación, simplemente saltas dentro de ella. No puedes ir subiendo escalones; no hay escalones. La iluminación es como un abismo, o saltas o no saltas.

No puedes tener la iluminación por partes, por fragmentos. Es una totalidad -estás dentro o fuera de ella, pero no hay una progresión gradual-. Recuerda esto como una de las cosas más básicas: sucede de forma no fragmentada, completa, total. Sucede como un todo, y ésta es la razón por la que la mente es siempre incapaz de entender.

La mente puede entender cualquier cosa que pueda dividirse, cualquier cosa a la que pueda llegarse a plazos, porque la mente es análisis, división, fragmentación. La mente puede entender las partes; el todo siempre se le escapa. Por eso si escuchas a la mente nunca llegarás. Esto es lo que ocurrió: esta monja, Chiyono, se dedicó a estudiar años y años y no sucedió nada. La mente puede estudiar acerca de Dios, acerca de la iluminación, acerca del absoluto. Incluso puede pretender haberlo entendido todo. Pero Dios no es algo que tengas que entender.

Incluso si lo sabes todo “acerca de” Dios, no lo conoces; el conocimiento no es "acerca de". Mientras digas "acerca de" seguirás afuera. Quizás estés dando vueltas alrededor, pero no has penetrado en el círculo. Cuando alguien dice "Sé acerca de Dios", está diciendo que no sabe nada de nada, porque ¿cómo vas a saber algo "acerca de" Dios? Dios es el centro, no la periferia.

Puedes saber acerca de la materia, porque la materia no tiene centro, es sólo la periferia. No puedes saber nada acerca de la consciencia: no hay sí mismo, no hay nadie en su interior. La materia es sólo lo de fuera; puedes saber acerca de ella. La ciencia es conocimiento. La misma palabra ciencia significa conocimiento: conocimiento de la periferia, conocimiento de algo cuyo centro no existe. Siempre que te acercas al centro desde la periferia, aquél se te escapa.

Tienes que convertirte en ello; es la única manera de conocerlo. Acerca de Dios, nada puede saberse. Tienes que ser; aquí el único conocimiento es el ser. Respecto del absoluto, todos los "acerca de" significan equivocarse una y otra vez. Tienes que entrar y hacerte uno con él. Por eso Jesús dice: “Dios es como el amor”, no amante, sólo como el amor. No puedes saber nada acerca del amor, ¿o acaso puedes? Puedes estudiar y estudiar, puedes convertirte en un gran estudioso, pero no lo has tocado, no has entrado en él.

El amor sólo puede ser conocido cuando te conviertes en amante. Y no sólo esto: el amor únicamente puede ser conocido cuando te conviertes en amor. Hasta el amante desaparece, porque también él/ella pertenece al exterior. Dos personas enamoradas se ausentan. No están ahí. Sólo existe el amor, el ritmo del amor. Quizás son los dos polos del ritmo, pero ellos no están ahí. Algo del más allá ha tomado cuerpo. Ellos han desaparecido.

 El amor existe cuando tú estás vacío. El conocimiento existe cuando estás lleno. El conocimiento pertenece al ego, y el ego nunca puede penetrar en el centro; es la periferia. La periferia sólo puede conocer la periferia. No puede conocer algo que pertenece al centro mediante el ego. 

El ego puede estudiar, el ego puede hacerte un gran erudito, acaso un erudito religioso, un gran pandit. Puedes saber todos los Vedas, todos las Upanishads, todas las Biblias y los Coranes, y sigues sin saber nada -porque no es conocimiento de afuera, es algo que sucede cuando has entrado y te has convertido en uno.

¿Qué es la meditación?

 ¿Qué es la meditación? ¿Es una técnica que puede practicarse?
Todo lo que la mente pueda hacer no puede ser meditación, es algo que está más allá de la mente, la mente es absolutamente impotente ahí. La mente no puede penetrar la meditación; donde acaba la mente empieza la meditación. Es necesario recordar esto, porque en la vida, cualquier cosa que hagamos, la hacemos a través de la mente; cualquier cosa que logremos, la logramos a través de la mente. Y entonces, cuando nos volvemos hacia el interior, de nuevo empezamos a pensar en términos de técnicas, métodos, actos, porque toda la experiencia de la vida nos muestra que todo puede hacerse con la mente. Sí. Excepto la meditación, todo puede hacerse con la mente; todo se hace por medio de la mente excepto la meditación.

Porque la meditación no es un logro, es ya así, es tu naturaleza. No tiene que lograrse; solo tiene que reconocerse, solo tiene que recordarse. Está ahí, esperando por ti, ¿Es un esfuerzo que tienes que hacer? No. solo volverse hacia adentro y está disponible. La has llevado contigo siempre. La meditación es tu naturaleza intrínseca, eres tú, es tu ser, no tiene nada que ver con tus actos. No puedes tenerla, no puedes no tenerla, no puede ser poseída. No es una cosa. Eres tú. Es tu ser. Una vez que entiendes lo que es la meditación, las cosas se vuelven muy claras. De lo contrario, puedes seguir andando a tientas en la oscuridad.

La meditación es un estado de claridad, no un estado mental. La mente es confusión. La mente nunca es clara. No puede serlo. Los pensamientos producen nubes a tu alrededor, son nubes sutiles. Producen una niebla y se pierde la claridad. Cuando los pensamientos desaparecen, cuando ya no hay más nubes en torno a ti, cuando estás en tu simple ser, ocurre la claridad. Entonces, puedes ver a gran distancia; entonces, puedes ver hasta el mismo final de la existencia; entonces, tu mirada se vuelve penetrante, hasta el mismo centro del ser.

La meditación es claridad, absoluta claridad de visión. No puedes pensar en ella. Tienes que abandonar el pensamiento. Cuando digo: “Tienes que abandonar el pensamiento”, no saques conclusiones apresuradas, porque tengo que utilizar el lenguaje. Así que digo: “Abandona el pensamiento”, pero si empiezas a abandonar, perderás el significado, porque de nuevo lo reducirás a un hacer. “Abandona el pensamiento” significa sencillamente: no hagas nada. Siéntate. Deja que los pensamientos se serenen por sí mismos.

Deja que la mente abandone por su cuenta. Tú solamente siéntate, mirando a la pared, en un rincón silencioso, sin hacer nada en absoluto. Relajado. Suelto. Sin esfuerzo. Sin ir a ningún lugar. Como si estuvieras quedándote dormido despierto; estás despierto y relajándote, pero todo tu cuerpo está quedándose dormido. Permaneces alerta dentro, pero todo el cuerpo se mueve hacia la relajación profunda. Los pensamientos se apaciguan por su cuenta, no necesitas saltar en medio de ellos, no necesitas intentar ponerlos en orden. Es como si un arroyo se hubiera enfangado... ¿Qué haces? Saltas dentro y empiezas a ayudar a la corriente a volverse clara... La volverás más turbia. Simplemente te sientas a la orilla. Esperas.

No se puede hacer nada. Porque cualquier cosa que hagas enturbiará más la corriente. Si alguien ha cruzado un arroyo y las hojas secas han salido a la superficie y se ha levantado fango, solo se necesita paciencia. Simplemente te sientas a la orilla. Observa, con indiferencia. Y la corriente continúa fluyendo, las hojas secas serán arrastradas y el barro empezará a asentarse porque no puede flotar por siempre.

Después de un tiempo, súbitamente, te darás cuenta: el arroyo es cristalino de nuevo. Cada vez que un deseo cruza tu mente, la corriente se enturbia. Así que siéntate solamente. No trates de hacer nada. Sentarse solamente y no hacer nada. Y un día ocurre la meditación. No es que tú la traigas a ti, ella viene a ti. Y cuando viene, inmediatamente la reconoces; ha estado siempre ahí, pero tú no mirabas en la dirección correcta. El tesoro ha estado contigo, pero tú estabas ocupado en algún otro lugar: en los pensamientos, en los deseos, en mil y una cosas. No estabas interesado en la única cosa.. .y esa cosa era tu SER.

Salte del Rebaño

Las masas viven en un tipo de existencia no-individual. Viven como ovejas. Entonces, toda vez que un hombre como Jesús o Buda está allí, afirmando su individualidad, su rebelión, su libertad, naturalmente les desagrada. Las masas se atemorizan, sus cimientos son sacudidos. Si Jesús tiene razón, entonces todo el patrón de vida de las masas tendrá que cambiar y eso es demasiado trabajo y la gente ha invertido demasiado en su esclavitud.

La presencia de Jesús hace que la gente se sienta en bancarrota. En el momento en que te encuentras con un Buda, quedas reducido a un tipo de ser humano muy feo, pierdes toda dignidad, te sientes humillado. Si eres inteligente te pondrás a la altura de las circunstancias: te darás cuenta que hasta ahora has vivido en la ignorancia, en el sueño.

Y te sentirás agradecido hacia el Buda por su presencia que se ha vuelto un rayo de luz en la noche oscura de tu alma. Pero tanta inteligencia es muy rara. La gente es estúpida y terca, inmediatamente reacciona. En vez de elevarse y aceptar el desafío de la cumbre que Buda es, destruyen a Buda, destruyen a Jesús, para poder dormirse nuevamente y soñar sus así llamados dulces sueños. Por eso están en contra mío: soy una especie de disturbio. Mi presencia no se puede ignorar: tienes que estar conmigo o estar en contra mío.

Cuando no puedes ignorar la presencia de cierta persona y tienes que elegir, en tu ser surge una gran perturbación porque ninguna elección es fácil. Elección significa cambio.

Has vivido durante cincuenta años de una cierta manera, esos hábitos están establecidos. Ahora, repentinamente, estoy aquí llamándote para que salgas de la tumba que habías creído que era la vida real. Estoy aquí condenando todo aquello por lo que has vivido: todos tus valores, toda tu así llamada moral, todo tu conocimiento, toda tu religión. Sólo personas muy valientes, muy pocos elegidos, serán capaces de estar a la altura de las circunstancias y arriesgar todo lo que tienen por algo que no es visible, por algo en lo que sólo puedes confiar.

Ahora, esto es difícil para las masas comunes, ellos se deciden por lo conocido. Jesús es algo de lo desconocido, Buda es algo del más allá. Ahora la pregunta es si elegir lo conocido, lo familiar, lo seguro, lo confortable, lo conveniente, o elegir esta aventura y entrar con Buda en algo inexplorado, algo que no está en los mapas, algo de lo que uno nunca puede estar seguro, no puede saber si existe o no. Buda mismo podrá estar engañado o estar engañándote. No hay modo alguno de estar totalmente seguro.

Uno tiene que ir con el Buda con profunda vacilación, en profunda confusión, en un profundo temblor. Sólo aquellos que todavía son jóvenes, cuyas mentes no han juntado aún demasiado polvo, que todavía son capaces de maravillarse, de sentir un asombro reverente por la vida, que todavía no están absolutamente establecidos, cerrados, terminados, que todavía no están muertos... sólo esas pocas personas podrán ir conmigo, con Jesús, con Buda. Los demás inevitablemente estarán contra ellos. Y además hay también muchas otras razones.

A la gente le gusta pertenecer a grupos. Eso da una especie de consuelo, de satisfacción: «Estoy en la senda correcta». Si eres cristiano, entonces millones de cristianos están contigo; les perteneces, no estás solo. Si estás conmigo, estás casi solo. Serás desarraigado de la muchedumbre a la que has pertenecido hasta ahora.

Por unos pocos momentos no estarás en ningún lugar, no serás nadie. Te volverás anónimo. No serás cristiano, hindú ni musulmán: y eso se ha vuelto tu identidad. Has sido un cristiano, un hindú o un judío, y ésa es tu identidad, eso es lo que sabes acerca de ti mismo. Si alguien te pregunta: «¿quién eres?», puedes decir: «soy un católico». Te da un cierto sentimiento falso de que te conoces. La gente sigue viviendo en el mundo de «como si». Pero cuando vives en el mundo de «como si» lo suficiente, éste empieza a parecer real, empiezas a creer en él.

Mal y bien

Para el hombre sabio Para el hombre sabio mal y bien son ambos sumamente buenos. Ningún mal viene jamás de Dios; toda vez que te parezca ver un mal viniendo de él, harás mejor en verlo como un bien.

Para el hombre sabio, mal y bien son ambos sumamente buenos. Para el hombre sabio, el que sabe que todo es uno, ¿cómo podrá haber una distinción entre bueno y malo, entre el santo y el pecador? No hay posibilidad de que exista ninguna distinción. En el momento en que haces la distinción ya te has vuelto alguien que elige, has caído nuevamente en el mundo de la elección. Ya no eres más una consciencia sin elección: y de eso se trata la sabiduría.

...toda vez que te parezca ver un mal viniendo de él...

Y dado que el todo consiste sólo en Dios, ¿cómo puede haber algo malo? Pero a veces piensas que el mal está sucediendo...

... harás mejor en verlo como un bien.

Porque en algún lado debes estar equivocado, debe ser tu interpretación. Por ejemplo, alguien está muriendo. Ahora, la muerte parece mala. La muerte no es mala, y si parece mala es tu malentendido, sólo tu malentendido. Tú no sabes lo que es la muerte, en consecuencia parece ser mala. La muerte no es sino un cambio de vestimentas. Si alguien está tirando sus viejas vestimentas porque ha conseguido unas nuevas, ¿lo llamarías mal? Dado que sabes que tiene nuevas vestimentas y está tirando las viejas, realmente lo felicitarás.

No empezarás a sentirte apenado por él. Te sentirás feliz porque el pobre hombre finalmente ha conseguido nuevas vestimentas; las viejas se estaban poniendo realmente podridas.  Exactamente así es con la muerte. El cuerpo es un fenómeno compuesto, un día nace, un día es joven, un día envejece y un día tiene que morir. Es sólo una preparación.

La muerte es una preparación para un nuevo nacimiento. Aquellos que lo saben no dirán que la muerte es algo malo. Es buena, sumamente buena... todo depende de tus interpretaciones. son ambos sumamente buenos. Ningún mal viene jamás de Dios; toda vez que te parezca ver un mal viniendo de él, harás mejor en verlo como un bien.

Para el hombre sabio, mal y bien son ambos sumamente buenos. Para el hombre sabio, el que sabe que todo es uno, ¿cómo podrá haber una distinción entre bueno y malo, entre el santo y el pecador? No hay posibilidad de que exista ninguna distinción.

En el momento en que haces la distinción ya te has vuelto alguien que elige, has caído nuevamente en el mundo de la elección. Ya no eres más una consciencia sin elección: y de eso se trata la sabiduría.

 Toda vez que te parezca ver un mal viniendo de él...

Y dado que el todo consiste sólo en Dios, ¿cómo puede haber algo malo? Pero a veces piensas que el mal está sucediendo... Harás mejor en verlo como un bien.

Porque en algún lado debes estar equivocado, debe ser tu interpretación.
Por ejemplo, alguien está muriendo. Ahora, la muerte parece mala. La muerte no es mala, y si parece mala es tu malentendido, sólo tu malentendido. Tú no sabes lo que es la muerte, en consecuencia parece ser mala.

La muerte no es sino un cambio de vestimentas. Si alguien está tirando sus viejas vestimentas porque ha conseguido unas nuevas, ¿lo llamarías mal? Dado que sabes que tiene nuevas vestimentas y está tirando las viejas, realmente lo felicitarás. No empezarás a sentirte apenado por él. Te sentirás feliz porque el pobre hombre finalmente ha conseguido nuevas vestimentas; las viejas se estaban poniendo realmente podridas.  Exactamente así es con la muerte.

El cuerpo es un fenómeno compuesto, un día nace, un día es joven, un día envejece y un día tiene que morir. Es sólo una preparación. La muerte es una preparación para un nuevo nacimiento. Aquellos que lo saben no dirán que la muerte es algo malo. Es buena, sumamente buena... todo depende de tus interpretaciones.

El miedo

Observa la belleza del miedo, observa el trabajo alquímico del miedo. Simplemente está tratando de prepararte para la situación de modo que puedas aceptar el desafío.

Pero en vez de aceptar el desafío, en vez de entender el miedo, empiezas a rechazarlo. Dices: «Tú eres un hombre tan grande, Ahora estás creando una contradicción.

Tu proceso natural es el del miedo y estás trayendo un proceso antinatural para contrarrestar el miedo. Estás trayendo ideales para interferir en el proceso natural. Habrá dolor porque habrá conflicto. No te preocupes acerca de si el alma es inmortal o no. En este preciso momento la verdad es que el miedo está allí. Escucha este momento y permite que este momento te tome totalmente, permite que este momento te posea. Y entonces no hay dolor.

Entonces el miedo es una danza sutil de energías en ti. Y te prepara, es tu amigo, no es tu enemigo. Pero tus interpretaciones siguen haciendo algo equivocado en ti. Esencialmente, el sentimiento de dolor psicológico es creado por el intento de separar la consciencia de sí misma, por la escisión de la unidad de consciencia en la dualidad de una entidad conceptual observadora que trata de huir del sentimiento rechazado, distorsionarlo o vencerlo, y el sentimiento observado mismo.

Si la consciencia en dualidad es la causa del dolor, entonces sólo la consciencia en unidad podrá ser la eliminación del dolor. El fin del dolor está en la unidad.

Esta escisión que creas entre el sentimiento: el miedo, el enojo, y tú mismo hace que te vuelvas dos. Te vuelves el observador y lo observado. Dices: «Yo, el observador, estoy aquí, y allí está el dolor, lo observado. Y no soy el dolor». Ahora, esta dualidad crea dolor.
No eres lo observado, no eres el observador, eres ambas cosas. Eres el observador y lo observado. No digas: «estoy sintiendo miedo»; ése es un modo equivocado de decirlo. No digas: «tengo miedo», ése también es un modo equivocado de decirlo.

Di simplemente: «Soy miedo. En este momento soy miedo». No crees ninguna división. Cuando dices: «estoy sintiendo miedo», te estás manteniendo separado del sentimiento. Estás allí en algún lugar alejado y el sentimiento está a tu alrededor. Ésta es la desunión básica. Di: «Soy miedo». Y observa... en realidad ésa es la situación. Cuando el miedo está allí, tú eres miedo. No es que a veces sientas amor. Cuando el amor está realmente allí, tú eres amor. Y cuando el enojo está allí, eres enojo. A eso se refiere Krishnamurti cuando dice una y otra vez: «el observador es lo observado». El que ve es lo visto y el que experimenta es la experiencia.

No crees esta división de sujeto y objeto. Ésta es la causa raíz de toda desdicha, de toda escisión. En consecuencia, uno no debe juzgar bueno o malo, no debe etiquetar o tener ningún tipo de deseo o meta con respecto a lo que surge en la consciencia. No debe haber ningún rastro de evasión, resistencia, condena, justificación, distorsión o apego con respecto a lo que surge. Sólo una consciencia sin elección; y se establecerá la comunión con uno mismo. Una consciencia sin elección: ésa es la llave suprema para abrir el misterio más íntimo de tu ser.

No digas que es bueno, no digas que es malo. Cuando dices que algo es bueno, surge el apego, surge la atracción. Cuando dices que algo es malo, surge la repulsión. El miedo es miedo, no es ni bueno ni malo. No evalúes, sólo déjalo ser. Déjalo que sea así. Cuando estás allí sin condena ni justificación, entonces, en esa consciencia sin elección todo el dolor psicológico simplemente se evapora como las gotas de rocío bajo el sol de la mañana. Y queda un espacio puro, queda un espacio virgen. Esto es el Uno, el Tao, o puedes llamado Dios.

Este Uno que queda cuando todo el dolor desaparece, cuando no estás dividido de ninguna manera, cuando el observador se ha vuelto lo observado, ésta es la experiencia de Dios, samadhi, o como quieras llamarlo. Y en este estado no hay yo como tal, porque no hay observador-controladorjuez. Uno es sólo aquello que surge y cambia momento a momento.

En algunos momentos podrá ser júbilo, en otros momentos podrá ser tristeza, ternura, destructividad, miedo, soledad, etcétera. Uno no debería decir «estoy triste» o «tengo tristeza» sino «soy tristeza», porque las dos primeras declaraciones implican un yo separado de lo que es. En realidad no hay otro yo, al que le está sucediendo el sentimiento particular. Sólo existe el sentimiento mismo.

Medita acerca de esto: sólo existe el sentimiento mismo.

Trascendiendo lo material